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Alma de papel

Por Rosario Covarrubias

Mayo del 98, dos mujeres miran una computadora nuevecita en su casa, pero por supuesto sin saber gran cosa para usarla, salvo capturar y crear uno que otro archivo. Piensan que, por fin, podrían organizar la vida o la muerte de sus propuestas literarias, guardar, como no queriendo la cosa, una excelente o, bueno, regular idea para trabajar en una novela, en un poema, un cuento, algún ensayo; vamos, algo. Un buen día fue posible conectarse a la red, entrarle alegremente a la navegación, a conocer, descubrir, admirar esta magia de la aldea global. El correo electrónico. El universo que se deja mirar en un monitor. El feliz descubrimiento de las páginas gratuitas en internet. Iliana y yo, en medio del pasmo, cavilamos. Iliana propone: ¡abramos una página que contenga una revista de literatura! ¿Acaso no es cierto que hemos buscado espacios para escribir, para publicar, para proponer?, ¿acaso no es cierto que no los hemos encontrado? Y, pues sí. Es cierto. ¿Por dónde empezar? ¡Ah!, formemos un equipo, uno como Consejo Editorial, invitemos (ya dándole formalidad al asunto), a quienes compartan nuestras inquietudes, sobre todo, a quienes hayan tocado puertas mudas, infranqueables, a quienes estén dispuestos a no pedir, sino a plantear un espacio donde todo mundo sea leído, donde siga creando a pesar de cualquier obstáculo. ¿Quiénes, quiénes? Pronta respuesta: Raquel Mosqueda y Leticia López. Un par de llamadas, una invitación al proyecto y un sí sin discusión. Un sí cargado de entusiasmo, un sí unificador que, con el paso de las semanas descubrimos como el inicio de un trabajo titánico, cargado de exigencias y responsabilidades, de inversión de tiempo, de hallazgos y uno que otro desconcierto. Aprendimos a organizarnos. Iliana, punta de lanza en este proyecto, aprende de manera autodidacta a subir la página en internet, se auxilia de manuales para elaborar páginas web; busca, se mete, practica, inventa y resuelve.

Anda ya nuestra revista en el ciberespacio, ¿que cómo se llama? RELiM, las siglas de la Revista Electrónica de Literatura Mexicana. Así, porque creímos en el valor de la iniciativa que es trascendida, que nos sigue trascendiendo en la medida en que RELiM ha dejado de ser nuestra para convertirse en el espacio aquel en el que pensamos que caben todas las propuestas, que se está nutriendo de textos de escritores nacionales y extranjeros de habla hispana, algunos soberanos desconocidos, otros que han alcanzado reconocimientos notables en sus países. Escritores, en fin, que han encontrado en RELiM un foro, un espacio, un hogar. Uno donde todo aquél que tenga algo que decir, simplemente lo escriba, bien escrito. RELiM es casa como de pueblo, de puertas abiertas, en la que lo único que se requiere para participar con letras, es que sean de calidad, que tengan algo para los demás, que recreen el maravilloso y riquísimo acervo lingüístico que hemos heredado. Y así las cosas y así esos ejes.

El Consejo Editorial de RELiM ha trabajado sólo con entusiasmo, con ganas de hacer cosas; está experimentando las viscisitudes del trabajo editorial sin ninguna experiencia previa, ha estado construyendo y contribuyendo, literalmente, con lo que ha podido: con trabajo. Con mucho trabajo. Y, por qué no decirlo, casi sin recursos. No obstante, estamos aquí, ahora, presentando la versión impresa de la página electrónica, que coincide con el cumplimiento de un año de actividades que, si bien es cierto, casi nos hace expertas en el desvelo y el cansancio, nos ha prodigado grandes satisfacciones y la intensa emoción de compartir con cada escritor que se ha acercado a RELiM su sueño, su inquietud, su compromiso con la palabra escrita, y con ello, la posibilidad de asomarnos, de asombrarnos y degustar las letras nuevas de España, Guatemala, Argentina, Bolivia, de los hispanohablantes de Norteamérica, etcétera, y, por supuesto, de las mexicanas.

Sabemos que un año es apenas el principio y que hay mucho por hacer, por aprender, por construir. Que con el número uno de la revista en papel se resuelve, por un lado, la cristalización de una aspiración convertida en realidad por la vía del trabajo que, a la par, comienza, y que seguramente demandará mayores esfuerzos. Lo sabemos. Por lo pronto, hoy los invitamos a recorrer esta propuesta, estas cuarenta páginas que, planteadas como un viaje entre amigos, nos acerquen, nos envuelvan en el vuelo poético de Iliana Rodríguez, de Leticia López, de Paco Pacheco, de Luz Idalia Aguilar, que participan en nuestra sección de "Poesía en Claroscuro" (sección que abre la aventura de RELiM); para que, ya encarrerados, disfrutemos del cuento que nos brinda Patricio Eufraccio en "Cuenteando". Deslicémonos de ahí a la sección de ensayo que denominamos "Arrieros Somos"; leamos, bien dispuestos a la diferencia, al cuestionamiento, a buscar nuestro propio punto de vista, el "Escarnio de la locura" que ofrece Raquel Mosqueda. El trayecto nos conducirá a lo que denominamos "La Casa de Asterión": ahí viven los textos que algunos nombran híbridos, libres, más o menos rebeldes. No son poemas, cuentos, ensayos: son, por así decirlo, un conjunto de palabras que decidieron no entrar ni salir por una puerta, sino más bien, digamos, por alguna ventana o agujero. El hecho es que aquí están y "Guadalupe", así se llama el texto que propone quien les habla, espera ser leído. En seguida la voz de la sangre más joven. Tenemos la sección de "Recentiores. Resolvimos abrir esta sección para los creadores que, generalmente, son considerados menores de edad prácticamente para todo. RELiM está ofreciendo la sala de su casa a los escritores de menos de veinte años, y en este número tendremos la oportunidad de leer el cuento de Guillermo Espíndola. Les va a gustar. Y, como buena agencia de viajes, ofrezcamos más: sigue la sección de la "Nao de la China", donde pasean los textos de nuestros colaboradores internacionales de habla hispana, quienes, hallado el modo de franquear fronteras, fletándose a la Nao, nos ofrecen un cuento de Viviana Ditry, recién llegado de Argentina, así como un poema de Alberto Roblest, mexicano radicado en Boston desde hace cuatro años, que ha resuelto impulsar actividades culturales en español y lo está haciendo bien con nuestros vecinos del norte. En este número, concluimos nuestra travesía por el camino de la, para variar, invitación a la lectura novedosa e inquietante. Estaremos entrando al espacio de las reseñas literarias en el que Iliana Rodríguez nos conduce por las "Coordenadas de un mapa poético", reseña de un policromo texto de Vicente Quirarte que empieza por decirnos que "el peatón es asunto de la lluvia", y que ha sido publicado por el Fondo de Cultura Económica en este año. Ésta es una de las primeras reseñas que, trasponiendo su perspectiva cibernética, aparece en RELiM de tinta y papel como una entidad provocadora para vérnosla con una ciudad de infinitos, de ecos, de historia, de pesadilla y de ambiente que, cualquiera de nosotros, puede reconocer como "nuestro mundo, nuestra ciudad".

RELiM tiene ambiciones, pero son ambiciones miradas como necesidades. RELiM quiere ser delta que se resuelva en el mar de las propuestas literarias, siendo vertiente al fin de las letras con hondura y camino, con la búsqueda de luz que nos acerca a la hoguera del incendio vital de la palabra que nos llama y nos convoca para concertar una forma armónica de entendernos, hablarnos, vivirnos sin temor, reconocernos como iguales en la gozosa lectura del otro.

Finalmente, consciente de que esta presentación no será suficiente para pintar lo que encontrarán en este número uno y todo lo que contiene la revista digital, quiero decirles que si algunos tienen la culpa de que exista RELiM, los tienen bien a la mano, empezando por su Consejo Editorial y por nuestro editor, el poeta Paco Pacheco, quien ha creído en este trabajo y ha tenido la paciencia, muchísima, de vérsela con nosotras, distrayendo su valiosísimo tiempo en atender las necesidades editoriales de RELiM. Queremos decir desde aquí que agradecemos al impulsor de Ediciones Mixcóatl su casi apostólica paciencia, su invaluable ayuda para hacer de este proyecto la revista que cualquiera de los aquí presentes puede tener en sus manos. Asimismo, RELiM puede contar y cantar su buena estrella: hemos contado y —sin que suene a amenaza— esperamos seguir contando con la invaluable colaboración del señor don Guillermo Rodríguez Kamacho, ingeniero arquitecto, pintor de buena cepa, quien nos ha confiado dibujos, bocetos, su experiencia estética, su apoyo, su historia, su constancia. RELiM es afortunada cuando el maestro Rodríguez sigue de cerca nuestra historia, y nos resuelve esta primera portada. También nos ha acompañado en ediciones individuales con viñetas, con trabajos, con su arte. Está en este número uno. Pero eso sí, que conste que no nos ayuda sólo por ser el padre de Iliana Rodríguez; él nos ha consentido en su mesa de artista, ha creído en nuestro trabajo, así como nosotros creemos y nos enorgullecemos del suyo. Gracias maestro Rodríguez Kamacho.

Casa Juan Pablos, Ciudad de México, 30 de julio de 1999


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