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Coyote fortalecido

(Homenaje a Nezahualcóyotl para teatro de cámara)

(Fragmento)

Por Alejandro Ostoa

NEZAHUALCOYOTZIN:

¿Por qué caí? "¡Todo lo recuerdo:/ no tengo placer,/ no tento dicha/ sólo sufro en la tierra!". Sí, buscaba el centro. Corría para desentrañar mi ombligo de la tierra de Azcapotzalco para ver si así cesaba el disgusto con Tezozómoc, pero... la cobardía fue algo que nunca me inculcó mi padre Ixtlixóchitl, ni mi amado maestro y guía Huitzilihuitzin. ¡El ombligo en tierra enemiga no debe salir de ella! ¿O es que acaso me empujó el tremor? ¡No! Las cosas deben regresar a su centro. ¿Pero es que yo me encuentro acaso en él? ¿Y la montaña, dónde quedó la montaña? De allá regresamos los tres. ¿Tres? ¿Será acaso más que un simple número? Eran dos y yo: éramos tres. Bajaron por mí dos dioses. ¿Pero en verdad son varios los dioses? (UNA LUZ BLANCA, ENCEGUECEDORA, CINTILA) ¿Dónde obtener la respuesta? El hombre únicamente tiene un padre. ¿Será posible que cada hombre tenga su propio dios? No. Mis hermanas tienen el mismo padre que yo. Lo tuvieron. Y fue uno: Ixtlixóchitl. Otra vez somos tres. Tozcuetzin y Atotoztzin, mis dos hermanas y yo. Quetzalcóatl y Tlaloc se aliaron conmigo. ¿Será que yo deba buscar a otros dos para realizar alianza? ¿Podré encontrar al supremo Dador de la vida? Sí, el único, por quien Todo vive. ¡No pueden encontrar tregua mis pensamientos! Pero... la tregua, cuando la he vivido, sólo ha servido para que el tirano se fortalezca. (TRANSICIÓN) "Sobre las flores canta / el hermoso faisán, / su canto despliega / en el interior de las aguas."

Alejandro Ostoa, Coyote fortalecido (Homenaje a Nezahualcóyotl para teatro de cámara). México, Ediciones Mixcóatl, 1999.


[...] el Nezahualcóyotl de Alejandro Ostoa está más cerca de un sueño que las -vaya usted a saber- acciones cotidianas del rey de Texcoco. El autor, que conoce las limitaciones de la escena y las reglas de la estructura dramática, resuelve atinadamente decenas de años de esa vida, y por la magia de la elipsis nos la entrega toda, corregida y seguramente aumentada, al igual que si viéramos un cuadro con la efigie del personaje, o su escultura agigantada en una fuente, recursos ambos a los que recurre Ostoa en la plástica escenográfica y lumínica que propone. De la historia verdadera sólo quedan algunos versos del rey-poeta (hasta donde pueden ser verdaderos después del tamiz de una traducción), y el paradigma de un hombre que trascendió en la historia y que dará para muchas, muchas verdades más.

Alejandro Céssar Rendón


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